NO ESCUCHES…

NO ESCUCHES…

Sólo acércate y déjame a tu lado,
no escuches a los vientos mentirosos
que hasta en lo más profundo de los pozos
meten cizaña en el callado estrado.

Los cierzos juegan con el aire airado:
mueven las hojas a su gusto, sosos…
y pronto, a raudales, sus destrozos
causan un mal cardiaco al más osado.

Que digan lo que digan, ¿y qué importan?
Ignóralos en todos sus acentos
que van y vienen sin remordimientos.

Que tu memoria no les haga caso,
porque les quede al último su ocaso,
y si no mueren, su veneno acortan.

Osfelip Bazant

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